Actualidad
Argentina registra el mayor aumento de mortalidad infantil desde 2002
En un giro preocupante, Argentina ha experimentado un aumento en la mortalidad infantil, alcanzando el mayor índice desde 2002. Según datos de la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud (DEIS), divulgados por la Fundación Soberanía Sanitaria (FSS), la tasa de mortalidad infantil subió de 8 muertes por cada 1.000 nacidos vivos en 2023 a 8,5 en 2024. Este repunte del 6,25% nos sitúa en una zona roja en materia de salud pública.
Lo curioso es que este incremento se da en el primer año completo del gobierno de Javier Milei, rompiendo así una tendencia que había mostrado señales de mejoría durante más de dos décadas. La mortalidad infantil no solo es un mero número, sino que se erige como un indicador crucial para evaluar las condiciones de vida y la efectividad de las políticas públicas en el país.
Entre 2003 y 2015, Argentina había visto una reducción del 42% en esta tasa, acercándonos a cifras que se asemejan a las de naciones desarrolladas. Sin embargo, la historia cambió tras la pandemia, y ahora este alarmante aumento pone en evidencia un retroceso que no se veía desde inicios de los 2000.
El fenómeno no ha sido uniforme en todo el país: 15 de las 24 jurisdicciones argentinas mostraron aumentos en la mortalidad infantil. En cuatro provincias, el incremento superó el 10% y otras cuatro llegaron a más del 20%. La mayoría de estas muertes corresponde a la mortalidad neonatal, que se incrementó de 5,5 a 6 muertes. En contraste, la mortalidad posneonatal permaneció estancada en 2,5.
El informe de la FSS apunta a un deterioro de programas esenciales de salud perinatal durante los últimos dos años, incluyendo la interrupción del Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas y la escasez de medicamentos cruciales. Estas decisiones han dejado un panorama marcado por la fragmentación y la inequidad entre provincias, lo que acentúa las diferencias ya existentes.
Finalmente, desde la FSS se alerta de que este aumento en la mortalidad infantil es una clara señal de las repercusiones sanitarias de un ajuste económico que ha debilitado las políticas de cuidado y de bienestar social. En una nación con marcadas desigualdades, esta tendencia nos muestra que hay que actuar con urgencia para revertir este preocupante indicador y cuidar las vidas de los más vulnerables.
Fuente: Debora Pedreira (Delabahia)


