Monte Hermoso
El mar hace bien. ¿Qué ocurre en la mente cuando estamos en la playa y en el ambiente costero?
El contacto con el mar se percibe como un bálsamo para el alma. Para quienes residen en la costa o simplemente disfrutan de sus visitas, cada ola y cada brisa parecen ofrecer más que solo un paisaje; representan bienestar y tranquilidad. Desde sumergirse en las aguas hasta simplemente contemplar el horizonte, muchas personas reportan sensaciones de paz y claridad mental, una experiencia que ha sido transmitida a través de generaciones.
La indagación sobre este vínculo entre la costa y el bienestar mental ha tomado fuerza, impulsada en gran medida por el trabajo del biólogo marino estadounidense Wallace J. Nichols. En su obra Blue Mind, estudia cómo la cercanía al agua puede inducir un estado mental favorable, caracterizado por calma y claridad. Distintos estudios en neurociencia y psicología ambiental respaldan la idea de que el entorno marino ofrece patrones visuales y sonoros que contrarrestan la tensión del día a día.
Los estímulos que el mar proporciona, desde el ritmo de las olas hasta su constante sonido, contrastan marcadamente con la cacofonía del entorno urbano. Este entorno natural tiende a activar un estado de relajación en el cerebro. A diferencia de las ciudades, donde las señales pueden ser abruptas y estresantes, las experiencias junto al mar son más sutiles y predecibles, lo que favorece la desactivación del sistema de alerta.
La teoría de la restauración de la atención sostiene que ciertos ambientes naturales, como la playa, permiten recuperar la concentración y reducir la fatiga mental. La amplitud de la vista y la suavidad de los estímulos ayudan a lograr lo que se define como “atención suave”, un estado propicio para la reflexión y el bienestar general.
Investigaciones en neurociencia corroboran que la exposición a entornos naturales reduce percepciones de inversión emocional negativa y mejora el estado de ánimo. Junto al mar, los sentidos se ven implicados en una sinfonía de sonido, movimiento y luz que contribuye a la disminución de la ansiedad.
Es fascinante notar que los beneficios del mar no siempre derivan de actividades físicas intensivas. Simplemente estar frente al océano, pasear por la arena o escuchar el vaivén de las olas activa procesos de relajación significativos. Estos momentos de conexión con la naturaleza no solo nos desfatigan mentalmente, sino que también parecen mejorar nuestra respuesta emocional y bienestar general.
En conclusión, el mar no solo es un refugio de esparcimiento; su influencia en la salud mental es un fenómeno respaldado por investigaciones y experiencias compartidas. La pregunta sigue en pie: ¿qué más efectos físicos puede traer este contacto continuo con el agua?
Fuente: Redacción – Noticiasmontehermoso.com.ar


