Política
Una histórica movilización por los 50 años del golpe desbordó la Plaza de Mayo con críticas
La movilización conmemorativa por los 50 años del golpe de Estado en Argentina llenó la Plaza de Mayo, marcando el evento más masivo desde el regreso de la democracia. Esta jornada no solo rechazó la dictadura, sino que también se convirtió en un contundente mensaje dirigido al gobierno de Javier Milei.
Las organizaciones de derechos humanos indicaron que la convocatoria superó las manifestaciones de mayo de 2017, cuando medio millón de personas se movilizó contra el fallo del 2×1 de la Corte Suprema. La Plaza de Mayo fue testigo de una marea humana que se extendió más allá de sus límites, alcanzando la Avenida 9 de Julio.
La masividad de la protesta incomodó al gobierno, que intentó comunicar su perspectiva sobre la memoria histórica a través de un video. Sin embargo, esta nueva producción no tuvo el mismo impacto que la realizada en el inicio de su gestión, siendo considerada una recopilación incoherente y sin sustancia.
El reclamo de justicia volvió a centrarse en los 30 mil desaparecidos y el robo sistemático de bebés, temas que resonaron con fuerza en una sociedad que vive un proceso de relativización de estos crímenes históricos. La movilización no solo fue una expresión de memoria histórica, sino también una respuesta a la profunda crisis económica que afecta a la población.
En medio de banderas de derechos humanos, se levantaron carteles contra las políticas de ajuste del gobierno, reflejando la angustia de los trabajadores. En Tucumán, un simbólico cajón fúnebre representó el sufrimiento de los jubilados en la era Milei.
La masividad de la marcha también sorprendió a los organizadores, funcionando como un catalizador para la oposición a Milei. Dirigentes peronistas, desde Axel Kicillof hasta Sergio Massa, marcharon juntos, evidenciando una importante unidad en la oposición.
A medida que el gobierno difundía un mensaje de casi dos horas que defendía el golpe como una medida necesaria, en la calle se consolidaba una narrativa contraria. Este contraste dejó en evidencia la desconexión entre las élites políticas y la realidad de la ciudadanía.
La participación no se limitó a Buenos Aires. Ciudades como Rosario, Córdoba y Tucumán también vibraron con las consignas de los manifestantes, con miles de personas marchando en una demostración de apoyo a los derechos humanos y rechazo a las políticas actuales.
Así, la jornada del 24 de marzo se convirtió en un símbolo de resistencia y unidad, donde la memoria histórica se entrelaza con el presente, y los argentinos alzan su voz en busca de justicia y dignidad.
Fuente: Fabricio Navone (Rosario)


