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El asado (de la mesa de los argentinos): ¿por qué aumentó más que la inflación? El asado (de la mesa de los argentinos): ¿por qué aumentó más que la inflación?

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El asado (de la mesa de los argentinos): ¿por qué aumentó más que la inflación?

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El asado, ese ritual que nos une a todos los argentinos, enfrenta un dilema: su precio ha aumentado más que la inflación. Durante un año, el incremento del precio del asado se ubicó en un asombroso 64,8%, mientras que la inflación interanual se situó en 33,2%. Datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) muestran que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) también se elevó, pero no tanto como los precios de la carne.

Pero, ¿qué explica esta diferencia escandalosa en un sector tan sensible para la mesa argentina? Según un análisis del Grupo Cencerro, hay múltiples factores trabajando en esta compleja dinámica de oferta y demanda:

  • Caída en la producción: La faena de hacienda ha disminuido un 12,1% interanual, el nivel más bajo para abril desde 2017. Menos animales disponibles significa menos cortes de carne y, por ende, precios más altos.
  • Estrategia de retención: Los productores están optando por conservar a los animales en vez de venderlos. Esto se manifiesta en un aumento del 128,9% en el valor de los vientres, reduciendo así la carne disponible para el consumo inmediato.
  • Precios por encima de la inflación: Los precios de la hacienda continúan superando consistentemente a la inflación general, por lo que se ven reflejados en el precio final que paga el consumidor.
  • Presión del mercado internacional: Las exportaciones de carne aumentaron un 53%, impulsadas por un crecimiento del 31,4% en los precios internacionales. Aproximadamente el 30% de la producción nacional se destina a exportaciones, lo que también influye en los precios locales.

El panorama se torna complicado para el consumidor: mientras que en abril se registró un menor volumen de faena, se compensa parcialmente con un aumento de 6 kilos en el peso promedio de la carne, resultando en precios más onerosos.

A pesar de la situación, algunos indicadores son positivos. La recuperación de los feedlots muestra márgenes de rentabilidad que han alcanzado los $56.000 por cabeza, lo que mantiene viva la esperanza. Sin embargo, el desafío sigue siendo la debilidad del mercado interno frente a estos precios elevados.

Así que, amigos de Bahía Blanca, si pensaban que el asado iba a tocar fibras sensibles esta temporada, se están preparando para un festín a precios internacionales. A fin de cuentas, la realidad es que comer un buen asado se ha vuelto un auténtico lujo en nuestra comunidad.

Fuente: lanueva.com

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