Política
CONFLICTO por la MINERÍA en FIAMBALÁ: advierten que JALIL “ABRE LA PUERTA” para el SAQUEO
El conflicto por la minería en Fiambalá ha generado un ambiente tenso en Catamarca, donde la política del gobernador Raúl Jalil ha sido fuertemente cuestionada. La reciente aprobación de proyectos mineros ha desatado protestas y movilizaciones en la comunidad, quienes argumentan que estas decisiones priorizan el desarrollo económico sobre la salud y el bienestar de la población local.
Un evento crítico que revitalizó estas preocupaciones fue el derrame de salmuera ocurrido en el proyecto de litio Tres Quebradas, que ha levantado alarmas entre los vecinos y organizaciones ambientales. Beatriz “Ketty” Perea, de la Asamblea Fiambalá Despierta, expresó su descontento afirmando que “lo económico prevalece por encima de la vida de las comunidades”. Este incidente no solo amenaza la salud de los habitantes, sino también compromete el acceso al agua de la localidad, un recurso vital.
A pesar del contexto económico nacional desfavorable, caracterizado por políticas de austeridad que afectan las transferencias a las provincias, Jalil parece haberse enfocado exclusivamente en la minería como motor de crecimiento. Sin embargo, muchas voces critican que este modelo de desarrollo es más bien un disfraz de crecimiento que puede traer consecuencias desastrosas para el medio ambiente y las comunidades locales.
Las protestas en Fiambalá han ganado atención, ya que la población organizada busca frenar la expansión de la minería. La empresa Zijin-Liex ha sido un blanco de las críticas, generando dudas sobre el equilibrio entre los intereses económicos y la protección del ecosistema. Los argumentos de la gestión provincial, que aseguran que la actividad minera se desarrolla de manera controlada y transparente, son desafiados por quienes habitan el territorio y sienten que las decisiones se toman sin su verdadero consentimiento.
El derrame de salmuera, que afectó directamente a familias y a un ecosistema crucial para la región, es solo la punta del iceberg. La falta de comunicación clara y efectiva entre el gobierno y la comunidad ha generado un sentimiento de desconfianza. Ha habido informes de que este fue el tercer derrame en siete meses, lo que aumenta la inquietud entre los habitantes respecto a la gestión ambiental y sanitaria de las empresas mineras.
Frente a esta situación, los ambientalistas y la comunidad exigen una revisión de los proyectos mineros y un diálogo real que tome en cuenta a quienes viven en el área. La esperanza es que se priorice el bienestar de las personas y del medio ambiente por encima de los intereses económicos de grandes corporaciones.
Fuente: Nicolás Sartoris


