Monte Hermoso
Delfín
Vaya a saber desde qué confín del Atlántico había venido a morir en la playa firme; si fue aquí su deceso o la muerte lo sorprendió mar adentro. Reconocí al instante que se trataba de un delfín típico de nuestra costa atlántica, conocido como Franciscana. Su color, similar al de los hábitos de los monjes franciscanos, lo distingue fácilmente. Esta especie rara es una de las más pequeñas del planeta, midiendo entre 1.30 y 1.70 metros.
Este encuentro me hizo recordar a Marcus, el delfín que tuvo un inolvidable desempeño en Monte Hermoso durante la década del 70. Se hizo famoso por su cercanía a los turistas, que compartieron momentos únicos con él al navegar sobre su lomo o aprender a nadar sujetándose de sus aletas. Su historia y su trágico final, contados por el querido guardavidas Negro Socchi, están grabados en una crónica y en un video que resguardan los últimos recuerdos de Marcus.
Es lamentable saber que la especie Franciscana se encuentra gravemente amenazada y al borde de la extinción. Muchos de estos delfines aparecen varados debido a quedar atrapados en redes de pesca, a problemas de salud y por la ingesta de plásticos, así como la exposición a productos químicos que contaminan nuestros océanos.
Si se encuentra un delfín, lobo marino o pingüino con vida, es esencial mantener distancia, no tocarlo, alimentarlo ni intentar devolverlo al mar. Asimismo, hay que alejar a las personas y a los perros para evitarles estrés y enfermedades.
Para activar un protocolo de rescate en los balnearios de la región, comuníquese con la Estación de Rescate de Fauna Marina Guillermo “Indio” Fidalgo, al correo electrónico indicado. En Monte Hermoso, puede contactar a la Dirección de Bromatología al 291-4493220, al Museo de Ciencias Vicente Di Martino, o directamente con los guardavidas o al 103 (Defensa Civil).
Cierro con una despedida al delfín que inspiró esta crónica. Nos cruzamos en el momento exacto en que él dejaba la vida. Lo despedí acariciando su cuerpo, esperando que, de alguna manera, sintiera que alguien le extendía la mano, y que su memoria perdurara.
Fuente: Néstor Machiavelli – Noticiasmontehermoso.com.ar


